jueves, 26 de agosto de 2010

Intolerancia y el vaso de leche

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En un programa político vi un lío en un municipio por el vaso de leche. Parece que se peleaban por quién debe darlo y hasta se tiraron huevos. Recuerdo haber tratado el tema hace más de diez años por un problema que surgió entonces: la intolerancia a la leche.

Por: Tomás Unger

Tanto en el Perú como en otros países existe la intolerancia a la lactosa, lo que cuestionaría la distribución indiscriminada de leche entre nuestra población.

Como referencia, hace 40 años en África se produjo un escándalo por ese motivo. Las Naciones Unidas compraron grandes cantidades de leche en polvo para distribuir en diversas regiones de África con resultados desastrosos. Gran cantidad de los beneficiados sufrieron trastornos gástricos que acentuaron su mala nutrición. Con excepción de la tribu Massai, ganaderos ancestrales que toman leche mezclada con sangre de res, la mayoría sufrió desórdenes digestivos.

El incidente motivó una investigación que confirmó la intolerancia a la leche en la mayoría de la población. En esa misma época se hicieron estudios en el Perú, Groenlandia, Chipre, India, Israel y Norteamérica con resultados similares. La causa directa de la intolerancia es común a todos ellos: inactividad o falta de la enzima lactasa para digerir la lactosa.

DOS AZÚCARES

La leche de vaca, como todas las leches, contiene un 80% de agua y una serie de nutrientes. Entre ellos, minerales y vitaminas y un disacárido (azúcar doble), formado por galactosa y glucosa, llamado lactosa, principal carbohidrato y fuente de energía de la leche. En el intestino la lactosa es descompuesta por la enzima lactasa, característica de los mamíferos, en sus dos azúcares componentes. La lactasa rompe la unión entre los dos anillos de azúcar, introduciendo además agua. Esto permite la digestión de los dos azúcares más sencillos, galactosa y la glucosa, sin dejar residuos nocivos.

Cuando no actúa la lactasa, las bacterias intestinales se encargan de romper el azúcar largo (lactosa) por un proceso químico diferente al de la lactasa.

Esto deja como residuo hidrógeno molecular (H2), además de otras sustancias que causan lo que el doctor Raúl León-Barúa llama meteorismo; una combinación de efectos como gases, retortijones y eventualmente diarreas: una descomposición digestiva.

El resultado, independientemente del nombre, es nocivo y anula cualquier efecto positivo que pudiera tener la leche. El grado de las consecuencias varía de un individuo a otro y de acuerdo con la cantidad de leche tomada. Este fenómeno, común a muchos pueblos en todos los continentes, se llama intolerancia a la leche.

TRES INTOLERANCIAS

La intolerancia a la lactosa puede deberse a tres causas. La primera es congénita, poco frecuente, y se presenta desde el nacimiento. Esto es raro, ya que en todo el mundo los recién nacidos vienen preparados con la lactasa necesaria para digerir lactosa y esta funciona debidamente. Sin embargo, hay un pequeño número de niños que nace sin ella y debe ser alimentado en forma especial.

La segunda causa es hereditaria. Ciertas etnias, que no son tradicionalmente ganaderas, a partir de los 5 años muestran intolerancia a la leche.

La tercera causa, llamada secundaria, es el efecto de parásitos o infecciones intestinales. Ciertos bichos que invaden el intestino (‘Gardia lamblia’, virus, etc.) interfieren con la digestión de la lactosa causando, entre otros, los males descritos. En estos casos, curando la parasitosis, se acaba la intolerancia a la leche. El estudio de los niños peruanos entre 5 y 11 años hecho en la década pasada indicó que se debía a la intolerancia hereditaria característica de las etnias que no consumían –y en muchos casos no consumen aún– leche pasada la primera infancia.

INTOLERANCIA PERUANA

Existe una larga bibliografía sobre la intolerancia a la leche en el Perú, sobre la cual el doctor León-Barúa hizo estudios hace 45 años. Entonces su bibliografía de cuatro páginas tenía 46 títulos, hoy es más del doble. Los trabajos del Instituto de Nutrición de San Fernando demostraron que más de 64% de los peruanos mayores de 5 años no tolera la leche. En ciertas regiones es hasta el 90%, cifra que no debe sorprender, ya que los esquimales de Groenlandia, los indios y negros norteamericanos, los griegos chipriotas y los orientales que no toleran la leche oscilan entre 72% y 100%. Es más, esta intolerancia no se “cura”. El trabajo publicado por los doctores Calderón, Cazorla y León-Barúa concluye: “la actividad de la lactasa no puede ser inducida por suministro de lactosa, ni disminuye cuando no se ingiere este disacárido”.

El estudio mencionado hace referencia a otros trabajos publicados en las prestigiosas revistas “The Lancet” y “Science” que llegan a iguales conclusiones.

Para volver a tratar el tema, le pregunté sobre la situación actual al Dr. Raúl León-Barúa, quien me informa que las condiciones no han cambiado. Un nuevo estudio, hecho hace cuatro años, confirma lo publicado entonces y establece que a partir de los 8 años el 50% de los niños muestra intolerancia a la leche, cifra que aumenta con la edad.

¿UN VASO DE YOGUR?

Al parecer, en todos los continentes se da la intolerancia a la lactosa, por lo que no siempre se puede mejorar la nutrición con métodos usados para una población de origen caucásico. La leche es un alimento muy completo, con nutrientes y minerales, como sodio y calcio para la formación de los huesos.

Existe una forma de leche en la que, sin perder sus cualidades alimenticias, la lactosa es descompuesta por bacterias en galactosa y glucosa. Este es el yogur.

Al saber que muchos necesitados de un refuerzo alimentario no siempre toleran la leche, es necesario estudiar sus efectos entre los niños antes de distribuirla indiscriminadamente. Siempre queda el recurso de introducir las bacterias* que, sin malograr la leche, la convierten rápidamente en yogur, que mantiene sus cualidades nutricionales y no requiere lactasa para ser digerido. En todo caso, estoy seguro de que sería más productivo estudiar los efectos de la intolerancia a la leche en los niños que pelearse por quién se la va a dar.

Fuente: El Comercio

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